En medio de la prueba de la muerte
Por Xingdao, Corea del Sur Dios Todopoderoso dice: “Dios ha venido para obrar en la tierra con el fin de salvar a la humanidad corrupta, no...
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Hago el deber de componer música en la iglesia. En octubre de 2020, los líderes de la iglesia nos encargaron al hermano Wang Chen y a mí que revisáramos el trabajo de los compositores. Por ese entonces, no sentía mucha presión y tenía algo de tiempo libre todos los días. Después de unos días, los líderes de la iglesia me ascendieron a supervisora. Pensé que ser supervisora implicaba tener que supervisar todo, que seguramente estaría ocupada todos los días y que ya no me sentiría igual de cómoda que antes, así que me sentía algo reticente. Pero luego pensé: “La iglesia me ha cultivado durante muchísimos años, así que debería tener una conciencia, ser considerada con las intenciones de Dios y esforzarme al máximo para colaborar”. Con esto en mente, acepté el cargo.
Tras eso, mi deber no solo involucraba compartir para resolver los estados incorrectos de los miembros de mi equipo, sino también responder cartas para resolver sus dudas. A veces, ni siquiera había terminado de revisar el trabajo y ya tenía cartas que debía responder cuanto antes, así que no tenía ni un momento para descansar. A veces quería relajarme un poco, pero sabía que el trabajo se vería afectado si no respondía ciertas cartas a tiempo, así que tenía que ponerme a responderlas con celeridad. Más tarde, el líder percibió que algunos de los trabajos que Wang Chen había revisado tenían problemas y sugirió que yo los volviera a revisar. Eso hacía que estuviera aún más ocupada. Vi todos los detalles de los que debía ocuparme y me sentí realmente reprimida. No podía dejar sin hacer ninguna de esas tareas y, si las cosas seguían así, acabaría con la cabeza completamente agotada. Empecé a añorar los momentos en los que simplemente podía relajarme. Recordé lo fácil que era cuando no era supervisora y solo tenía que revisar trabajos, ¡y pensé que tal vez debería volver a mi antiguo deber! Pero luego pensé: “¡Eso sería ser desobediente!”. Entonces, seguí a regañadientes. Después de un tiempo, empecé a sentirme como una máquina, con la cabeza constantemente bajo tensión. Siempre había muchísimos problemas que responder y solucionar. Aunque parecía que no paraba y hacía todo lo que se suponía que debía hacer, en realidad, el trabajo simplemente me arrastraba. No tenía ningún sentido de carga en mi corazón y no buscaba resultados. Solo completaba las tareas que tenía a mano de forma mecánica y nunca progresaba en mi trabajo. Wang Chen dijo que no tenía sentido de carga, pero yo no quise escucharlo y comencé a quejarme en mi corazón: “Ya estoy tan ocupada y tengo muchas cosas que gestionar, ¿cómo voy a hacer para encargarme de todo? ¿No me estás pidiendo demasiado? ¿Cuántos brazos y cabezas crees que tengo? No puedo estar en dos lugares al mismo tiempo”. No hice introspección e incluso me predispuse en contra de Wang Chen. A veces, pensaba: “Tal vez debería renunciar y volver a hacer un trabajo con una sola tarea. Sería mucho menos extenuante”. Debido a que mi estado era incorrecto, ni siquiera había percibido los problemas evidentes en el trabajo. Solo cuando Wang Chen señaló cómo mi actitud negligente y mi falta de atención a mi deber habían afectado el progreso del trabajo, fue que comencé a hacer introspección conscientemente. Oré a Dios: “Dios, siento que este deber es demasiado difícil para mí. Me siento tan angustiada y reprimida, y a menudo quiero abandonar mi deber. Sé que este estado es incorrecto, pero no puedo reconocer mis problemas. Te ruego que me esclarezcas y ayudes para enmendar este estado incorrecto”.
Más tarde, leí un pasaje de las palabras de Dios: “Generalmente, la gente normal se siente un poco amilanada cuando se entera de estas dificultades y siente un poco de presión, pero aquellos que son leales y obedientes a Dios, al afrontar las dificultades y sentir la presión, orarán en silencio en su interior, pidiéndole a Dios que los guíe, que incremente su fe, que les brinde esclarecimiento y los asista y también que los proteja de cometer errores de modo que puedan mantenerse leales y esforzarse al máximo para lograr una conciencia tranquila. Sin embargo, las personas como los anticristos no son así. Cuando escuchan de parte de Cristo determinadas organizaciones del trabajo que ellos deben implementar y que el trabajo presenta algunas dificultades, comienzan a sentir resistencia en su interior y son renuentes a proceder. ¿Cómo es esa renuencia? Ellos dicen: ‘¿Por qué nunca me suceden cosas buenas? ¿Por qué siempre recibo problemas y exigencias? ¿Me consideran alguien ocioso o un esclavo al que se puede estar dando órdenes? ¡No soy tan fácil de manipular! Lo dices tan a la ligera, ¿por qué no intentas hacerlo tú mismo?’. ¿Es eso sumisión? ¿Es una actitud de aceptación? ¿Qué es lo que hacen? (Resistirse, oponerse). ¿Cómo surgen esta resistencia y esta oposición? Por ejemplo, si les dicen: ‘Ve a comprar algunos kilos de carne y cocina cerdo estofado para todos’, ¿se opondrán a eso? (No). Pero se mostrarán renuentes si les dicen: ‘Hoy ve y labra esa tierra, y, mientras lo haces, es necesario que termines de quitar las piedras; luego podrás comer’. En cuanto involucra esfuerzo físico, dificultad o presión, sale a la superficie su resentimiento y se vuelven reacios a continuar; comienzan a resistirse y a quejarse: ‘¿Por qué no me suceden cosas buenas? ¿Por qué me pasan por alto cuando llega el momento de hacer tareas fáciles o livianas? ¿Por qué me escogen para el trabajo duro, agotador o sucio? ¿Es porque parezco ingenuo y fácil de mangonear?’. Allí es donde comienza la resistencia interna. ¿Por qué oponen tanta resistencia? ¿Qué ‘trabajo sucio y agotador’? ¿Qué ‘dificultades’? ¿No son parte de su deber todas esas cosas? Debe hacerlo la persona a la que se lo asignaron, ¿qué es eso de ponerse a elegir? ¿Les están tratando de complicar las cosas deliberadamente? (No). Sin embargo, ellos creen que les están complicando las cosas a propósito, poniéndolos en apuros, y por eso no aceptan este deber de parte de Dios y son reacios a aceptarlo. ¿Qué es lo que pasa? ¿Acaso, cuando afrontan dificultades, deben soportar esfuerzo físico y ya no pueden vivir cómodamente se empiezan a resistir? ¿Es esto sumisión incondicional y sin quejas? Se vuelven reacios ante la menor dificultad. Ante cualquier cosa que no quieren hacer, cualquier trabajo que perciben como difícil, indeseable, degradante o que otros desdeñan, se resisten ferozmente, ponen objeciones y se niegan, sin dar la más mínima muestra de sumisión” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 10 (IV)). Las palabras de Dios me permitieron entender que, cuando una persona con humanidad afronta dificultades y presión en su deber, es capaz de orar, confiar en Dios y esforzarse al máximo para colaborar, en lugar de resistirse u oponerse. Pero cuando un anticristo afronta incluso una pequeña dificultad o presión en su deber y necesita sufrir o pagar un precio, lo primero que hace es resistirse, rebelarse y quejarse. Incluso piensa que las personas intentan hacerle la vida difícil, lo tratan como si no hiciera suficiente trabajo y lo hacen trabajar como un esclavo. Esto nos muestra el egoísmo y la bajeza extremos de los anticristos y que no tienen ninguna consideración con las intenciones de Dios. ¿No me estaba comportando yo de esa manera? La oportunidad de ser supervisora era la gracia de Dios sobre mí, pero, cuando vi la pesada carga de trabajo y que los líderes supervisaban de cerca cada tarea, sentí que estaba bajo mucha presión y que mi carne tendría que sufrir mucho, así que me volví reticente y verdaderamente resistente. Sentí que ese deber era demasiado represivo y doloroso. Perdí mi sentido de carga por el trabajo y no presté atención a las tareas a las que debería haber dado seguimiento. Cuando Wang Chen me recordó que no tenía sentido de carga, me seguía sintiendo reticente e incluso me predispuse en su contra. Vi que me resistía y oponía a esa situación que Dios había orquestado y dispuesto, y que no me estaba sometiendo en absoluto. ¿No estaba revelando precisamente el carácter de un anticristo? Tanto si los líderes supervisan de cerca el trabajo, como si el hermano con el que colaboro señala mis problemas, todo es para proteger los intereses de la iglesia y asegurarse de que el trabajo logre buenos resultados. Debería aceptarlo de parte de Dios y esforzarme al máximo para colaborar. Ese es el tipo de conciencia y razón que una persona normal debe tener. Pero yo me sentía completamente resistente y no hice introspección. Incluso me sentí agraviada y pensé en renunciar a mi deber. ¡Vi que realmente había perdido la razón! Tratar mi deber de esa manera mostraba que no tenía ninguna humanidad. No había tenido ninguna consideración con las intenciones de Dios, solo pensaba en mis propios intereses carnales y no estaba dispuesta a esforzarme al máximo para complacer a Dios, lo que afectó el trabajo de la iglesia. En este sentido, había sido verdaderamente rebelde y había herido el corazón de Dios. Entonces le oré, dispuesta a cambiar mi actitud hacia mi deber.
Luego, pensé en estas palabras de Dios: “En muchos casos, las pruebas de Dios son cargas que Él les da a las personas. Por muy grande que sea la carga que Dios te haya dado, ese es el peso que debes asumir, pues Dios te comprende y sabe que podrás soportarlo. La carga que Dios te ha dado no superará tu estatura ni los límites de tu resistencia, por lo que no hay duda de que podrás soportarla. Sea cual sea el tipo de carga, la clase de prueba, que Dios te dé, recuerda: tanto si comprendes las intenciones de Dios como si no, tanto si recibes esclarecimiento e iluminación del Espíritu Santo después de orar como si no la recibes, tanto si esta prueba es que Dios te está disciplinando como si es que te está advirtiendo, da igual que no lo entiendas. Mientras no te demores en cumplir tu deber y puedas atenerte a él con lealtad, Dios estará satisfecho y te mantendrás firme en tu testimonio” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El único camino posible es la lectura frecuente de las palabras de Dios y la contemplación de la verdad). Las palabras de Dios me hicieron darme cuenta de que las cargas que Él da a las personas están dentro de lo que pueden soportar y no exceden los límites humanos, ya que Dios entiende a cada uno. Ese deber que había recaído sobre mí era una prueba de Dios, y no podía eludirlo en aras de mi comodidad carnal. Así que oré a Dios, me rebelé contra mí misma, me sometí y corregí mi antigua actitud hacia mi deber. Organicé mi tiempo de forma razonable según la carga de trabajo diaria y prioricé mis tareas, lo que mejoró la eficacia general del trabajo. Después de un tiempo, cuando la carga de trabajo a veces aumentaba, seguía sintiéndome reprimida, pero podía rebelarme conscientemente contra mí misma y esforzarme activamente para tomar la iniciativa de buscar los principios que resolvieran los problemas. A través de la colaboración real, los resultados generales del trabajo mejoraron.
Después de un tiempo, oí que la iglesia planeaba ascenderme para que hiciera mi deber en otro lugar. Cuando pensé en que mi carga de trabajo aumentaría aún más a partir de entonces, mis emociones negativas de represión volvieron a aflorar de manera inconsciente. Aunque sabía que ese estado era incorrecto, no sabía cómo resolverlo. Un día, leí un pasaje de las palabras de Dios: “¿Qué significa ser incapaz de hacer lo que a uno le apetece? Significa no poder satisfacer todo deseo que se le pasa a uno por la cabeza. Estas personas tienen el requisito de poder hacer lo que quieran, cuando quieran y cómo quieran, tanto en su trabajo como en sus vidas. Sin embargo, debido a varias razones, como las leyes, los ambientes en los que viven o las reglas, sistemas, estipulaciones y medidas disciplinarias de un grupo y demás, las personas son incapaces de obrar según sus propios deseos y figuraciones. En consecuencia, se sienten reprimidas en su interior. Dicho sin rodeos, esta represión ocurre porque una persona se siente agraviada, algunas incluso ofendidas. Hablando con total sinceridad, no poder hacer lo que a uno le apetece significa no poder satisfacer la propia voluntad, significa que uno no puede ser obstinado ni complaciente a su antojo debido a diversas razones y a las restricciones de diversas condiciones y entornos objetivos. Por ejemplo, algunas personas son siempre superficiales y hallan la manera de holgazanear en el cumplimiento de sus deberes. A veces, la labor de la iglesia requiere premura, pero ellas solo quieren hacer lo que les apetece. Si no se sienten muy bien físicamente, o llevan un par de días de mal humor y con el ánimo decaído, no estarán dispuestas a soportar adversidades ni a pagar un precio por hacer el trabajo de la iglesia. Son particularmente holgazanes y codician las comodidades. Cuando carecen de motivación, sus cuerpos se vuelven perezosos, y no están dispuestas a moverse, pero temen que los líderes las poden y que sus hermanos y hermanas las llamen vagas, así que la única opción que les queda es realizar el trabajo a regañadientes junto con todos los demás. Sin embargo, se sentirán muy poco dispuestas, además de infelices y reacias a hacerlo. Se sentirán agraviadas, ofendidas, molestas y agotadas. Quieren obrar según su propia voluntad, pero no se atreven a separarse o a ir en contra de las exigencias o estipulaciones de la casa de Dios. En consecuencia, con el tiempo empieza a surgir en ellas una emoción: la represión. Una vez que esta emoción represiva se arraiga en ellas, empezarán poco a poco a mostrarse desganadas y débiles. Al igual que una máquina, ya no entenderán lo que hacen con claridad, pero seguirán haciendo a diario lo que se les diga, de la manera en la que se les diga. Aunque a primera vista continuarán llevando a cabo sus tareas sin detenerse, sin pausa, sin apartarse del entorno de cumplir con sus deberes, en sus corazones se sentirán reprimidas, y pensarán que sus vidas son agotadoras y están llenas de agravios” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (5)). El desenmascaramiento de las palabras de Dios me permitió darme cuenta de que me sentía reprimida cada vez que afrontaba una gran carga de trabajo y la presión de mi deber. Eso se debía principalmente a mi deseo de cumplir mi deber como se me antojara. Cuando mi deber no estaba de acuerdo con mis deseos carnales y no podía hacer las cosas como quería, me sentía reprimida y dolida. Antes, solo me encargaba de revisar el trabajo y no tenía que preocuparme por mucho. No había muchas dificultades ni presiones, así que podía colaborar con normalidad. Sin embargo, después de convertirme en supervisora, tuve que asumir la responsabilidad de todos los aspectos del trabajo, tener en cuenta cada uno de ellos y darles seguimiento. Además, los líderes querían que supervisara el trabajo que Wang Chen revisaba, lo que implicaba tener que dedicar mucho más tiempo y energía. Me sentía resistente y no estaba dispuesta a someterme, pero no me atrevía a negarme, ya que temía que los líderes dijeran que carecía de sentido de carga. Aunque parecía que trabajaba, me sentía renuente y reticente por dentro. A veces, revisaba un trabajo por encima y pensaba que era lo suficientemente bueno, pero luego tenía que rehacerlo si surgían problemas. Cuando Wang Chen me señalaba mis problemas, discutía con él, me resistía con obstinación e incluso pensaba en renunciar. Había disfrutado de la provisión de las palabras de Dios durante muchos años, pero no me esforzaba por cumplir bien con mi deber para retribuir el amor de Dios. Cuando debía haber sido leal, hacía lo que se me antojaba e incluso quería eludir mi deber y desatender el trabajo de la iglesia. ¡Realmente carecía de humanidad! Al reflexionar sobre esas situaciones, me di cuenta de que mi problema realmente era bastante grave. Si no resolvía a tiempo mis emociones represivas, me hundiría cada vez más en el abatimiento y la decadencia y sería incapaz de cumplir bien con mi deber.
Más tarde, leí más palabras de Dios y obtuve una comprensión más clara de mis problemas. Dios Todopoderoso dice: “¿Qué causa la represión en la gente? Desde luego no es la fatiga física; entonces, ¿qué la causa? Si las personas buscan sin cesar la comodidad física y la felicidad, si esto es lo que persiguen sin tener deseo alguno de sufrir, entonces bastará con un poco de sufrimiento físico, con sufrir un poco más que los demás o sentirse un poco más sobrecargadas de trabajo que de costumbre para sentirse reprimidas. Esta es una de las causas de la represión. Si las personas no consideran que un pequeño sufrimiento físico sea un gran problema, y no buscan la comodidad física, sino que persiguen la verdad y tratan de cumplir con sus deberes para satisfacer a Dios, entonces a menudo no sentirán sufrimiento físico. Incluso si de vez en cuando se sienten un poco ocupadas, cansadas o agotadas, después de irse a dormir se despertarán sintiéndose mejor, y continuarán con su trabajo. Se concentrarán en sus deberes y en su trabajo; no considerarán que un poco de fatiga física sea un problema importante. Sin embargo, cuando surge un problema en el pensamiento de las personas y buscan sin parar la comodidad física, cada vez que sus cuerpos físicos se vean ligeramente agraviados o no puedan hallar satisfacción, surgirán en ellas ciertas emociones negativas. […] A menudo se sienten reprimidas respecto a estos asuntos y no están dispuestas a aceptar la ayuda de sus hermanos y hermanas, o a ser supervisadas por los líderes. Si cometen un error, no permitirán que otros las poden. No desean que las limiten de ninguna manera. Piensan: ‘Creo en Dios para poder encontrar la felicidad, así que ¿por qué voy a ponerme las cosas difíciles a mí mismo? ¿Por qué ha de ser mi vida tan agotadora? La gente debería vivir feliz. No deberían prestar tanta atención a esas normas y esos sistemas. ¿De qué sirve acatarlos siempre? Ahora mismo, en este momento, voy a hacer lo que quiera. Ninguno de vosotros debería tener nada que decir al respecto’. Este tipo de personas son especialmente obstinadas y disolutas: no se permiten sufrir ninguna restricción, ni desean sentirse frenadas en ningún entorno laboral. No desean atenerse a los reglamentos y principios de la casa de Dios, no están dispuestas a aceptar los principios que las personas deben mantener en su conducta, y ni siquiera desean atenerse a lo que la conciencia y la razón dicen que deben hacer. Quieren hacer lo que les apetezca, lo que les haga felices, lo que las beneficie y las haga sentir cómodas. Creen que vivir bajo estas restricciones atentaría contra su voluntad, que sería una especie de abuso de sí mismas, que sería demasiado duro para ellas y que la gente no debería vivir así. Estas personas piensan que la gente debe vivir libre y liberada, complaciendo su carne y sus anhelos con desenfreno, así como sus ideales y deseos. Piensan que deben dar rienda suelta a todas sus ideas, decir lo que les dé la gana, hacer lo que les plazca e ir adonde deseen, sin tener que considerar las consecuencias ni los sentimientos de los demás, y especialmente sin tener en cuenta sus propias responsabilidades y obligaciones, ni los deberes que los creyentes deben cumplir, ni las realidades-verdad que deben defender y vivir, ni la senda vital que deben seguir. Este grupo de personas siempre quiere hacer lo que le apetezca en la sociedad y entre los demás, pero, vayan donde vayan, nunca pueden lograrlo. Creen que la casa de Dios hace hincapié en los derechos humanos, que concede plena libertad a las personas, y que se preocupa por la humanidad, y por tolerar y ser indulgente con la gente. Piensan que después de venir a la casa de Dios deberían poder satisfacer libremente su carne y sus deseos, pero como la casa de Dios tiene decretos administrativos y reglamentos, siguen sin poder hacer lo que les apetece. Por tanto, esta emoción negativa y represiva no se puede resolver ni siquiera después de entrar en la casa de Dios. No viven para cumplir ningún tipo de responsabilidad o completar ninguna misión, ni para convertirse en una persona auténtica. Su fe en Dios no se basa en cumplir con el deber de un ser creado, completar su misión y alcanzar la salvación. Con independencia de las personas entre las que se encuentren, los entornos en los que se desenvuelvan o la profesión a la que se dediquen, su objetivo último es encontrarse y satisfacerse a sí mismas. El objetivo de todo lo que hacen gira en torno a esto, y la autosatisfacción es su eterno deseo y la meta de su búsqueda” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (5)). “En la sociedad, ¿quiénes son los que no se ocupan de su trabajo? Los holgazanes, necios, vagos, gamberros, rufianes y vividores, la gente de ese tipo. No desean aprender ninguna habilidad o destreza nueva, y no quieren emprender carreras serias o encontrar un trabajo para salir adelante. Son los holgazanes y vividores de la sociedad. Se infiltran en la iglesia, y luego quieren conseguir algo a cambio de nada, obtener las bendiciones que les corresponden. Son unos oportunistas. Estos oportunistas nunca están dispuestos a desempeñar sus deberes. Si las cosas no salen como ellos quieren, aunque sea solo un poco, se sienten reprimidos. Desean siempre vivir con libertad, sin realizar ningún tipo de trabajo, y aun así quieren comer bien y vestir ropa buena, comer lo que les venga en gana y dormir cuando lo deseen. Piensan que cuando se dé un día como ese, sin duda será maravilloso. No quieren soportar siquiera unas pocas adversidades y desean una vida complaciente. A estas personas incluso vivir les resulta agotador; las emociones negativas las limitan. A menudo se sienten cansadas y confusas porque no pueden hacer lo que les apetece. No quieren ocuparse del trabajo que les corresponde ni de sus propios asuntos. No quieren dedicarse a un trabajo y ser constantes en él de principio a fin, tratándolo como su propia profesión y deber, como su obligación y responsabilidad; no quieren acabarlo y conseguir resultados, ni llevarlo a cabo según el mejor estándar posible. Nunca han pensado así. Lo único que quieren es actuar de manera superficial y utilizar su deber como un medio para ganarse la vida. Cuando se enfrentan a un poco de presión o a alguna forma de control, o cuando se les exige un estándar ligeramente superior o se les hace cargar con un poco de responsabilidad, se sienten incómodas y reprimidas. Estas emociones negativas surgen en su interior, la vida les resulta agotadora y se sienten desgraciadas. Una razón fundamental por la que a estas personas les resulta agotador vivir es que carecen de razón. Su razón está deteriorada, se pasan el día fantaseando, viviendo en un sueño, en las nubes, imaginando siempre las cosas más descabelladas. Por eso su represión es muy difícil de resolver. No les interesa la verdad, son incrédulos. Lo único que podemos hacer es pedirles que abandonen la casa de Dios, que vuelvan al mundo y encuentren su propio lugar de tranquilidad y comodidad” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (5)). Las palabras de Dios me permitieron darme cuenta de que las emociones represivas que sienten las personas no las causa el padecimiento físico o el agotamiento, sino que se deben principalmente a problemas con la mentalidad y la perspectiva de la persona. Pensé: “¿Por qué al enfrentar una misma situación en la que se debe asumir un poco más de carga, pagar un precio mayor, padecer físicamente, preocuparse y gastar energía, hay personas que no se sienten reprimidas e incluso sienten que Dios las eleva para eso y se esfuerzan por cumplir bien con sus deberes y retribuir el amor de Dios, mientras que otras lo ven como algo doloroso y represivo? En realidad, no se debe a que estén demasiado ocupadas con el trabajo, sino principalmente a que consideran demasiado la carne y siempre quieren perseguir la comodidad. Las personas encuentran alegría en lo que persiguen y anhelan. Si lo que anhelan son cosas positivas y si persiguen obtener la verdad y cumplir bien con el deber de un ser creado para complacer a Dios, entonces trabajar un poco más duro en sus deberes no las hará sentirse reprimidas, sino que se sentirán en paz y dichosas”. La razón por la que sentía esas emociones represivas se debía principalmente a que mi búsqueda se basaba en perspectivas incorrectas. Vivía según la filosofía satánica de: “Aprovecha el momento, la vida es corta” y “La vida es breve; disfruta mientras puedas”. Creía que una persona debía vivir como quisiera, sintiéndose feliz y cómoda, sin ninguna limitación ni restricción, y que vivir de esa manera era el epítome de la libertad. Si una persona siempre está limitada y no puede actuar con libertad, se sentirá sofocada, lo que equivale a maltratarse a sí misma. Recordé que, cuando iba a la escuela, muchos compañeros se esforzaban mucho para conseguir un buen empleo en el futuro, pero yo me sentía limitada incluso durante una clase de 45 minutos. Aun después de ingresar al mundo laboral, no quería estar atada a las normas y reglamentos de una empresa y sentía la necesidad de cambiar de cargo siempre que me encontraba en un estado de alta tensión. Después de encontrar a Dios, seguí con esa mentalidad y siempre priorizaba satisfacer mis propios deseos, quería organizar mi horario de trabajo como se me antojaba y no quería tener ninguna presión. Si mi deber me mantenía demasiado ocupada, había mucha presión y no podía hacer las cosas como quería, me sentía resistente y reprimida y solo cumplía con mi deber de forma superficial, e incluso me volvía negativa y holgazana. Como consecuencia, los resultados del trabajo se veían afectados. No tenía una actitud confiable hacia mi deber, lo que había hecho que Dios me detestara. Al cumplir mi deber como se me antojaba y complaciendo mi carne, estaba claro que no atendía de forma adecuada al deber que me correspondía. Mi perspectiva sobre los asuntos y las cosas que perseguía eran las mismas que las de los vagos e inútiles de la sociedad, pero creía de forma equivocada que vivir de esa manera significaba que podía no sufrir limitaciones y que tenía personalidad. Realmente era muy estúpida. Sobre todo, cuando vi que Dios dice de las personas cuya “Su razón está deteriorada”, “Son incrédulas” y “pedirles que abandonen la casa de Dios, que vuelvan al mundo y encuentren su propio lugar de tranquilidad y comodidad”, me sentí aún más arrepentida y culpable. Me presenté ante Dios en oración: “Dios, estoy dispuesta a cambiar mis antiguas perspectivas erróneas sobre mi búsqueda y a no seguir haciendo las cosas como se me antoja. Quiero ser una persona responsable que asuma cargas y, por muy grandes que sean las dificultades o presiones que enfrente, cumpliré mi deber con lealtad para consolar Tu corazón”.
Más tarde, leí otro pasaje de las palabras de Dios y encontré una senda de práctica. Dios Todopoderoso dice: “Todos aquellos que creen realmente en Dios son individuos que se ocupan del trabajo que les corresponde, son los que están dispuestos a desempeñar su deber, son capaces de asumir una labor y la hacen bien, de acuerdo con su calibre y los preceptos de la casa de Dios. Por supuesto, al principio puede ser un desafío adaptarse a esta vida. Puede que te sientas agotado física y mentalmente. Sin embargo, si realmente tienes la determinación de cooperar y la voluntad de convertirte en una persona normal y buena, y de alcanzar la salvación, entonces debes pagar cierto precio y permitir que Dios te discipline. Cuando tengas el impulso de ser obstinado, debes rebelarte contra él y desprenderte de ese impulso, y reducir poco a poco tu obstinación y tus deseos egoístas. Debes buscar la ayuda de Dios en asuntos cruciales, en momentos y en tareas cruciales. Si tienes determinación, entonces debes pedirle a Dios que te reprenda y te discipline, y que te esclarezca para que seas capaz de entender la verdad, de esa manera obtendrás mejores resultados. Si tu determinación es auténtica, si le oras a Dios en Su presencia y le suplicas, Él actuará. Cambiará tu estado y tus pensamientos. Si el Espíritu Santo realiza un poco de obra, te conmueve y te esclarece un poco, tu corazón cambiará y se transformará tu estado. Cuando ocurra esta transformación, sentirás que vivir de esta manera no es represivo. Tu estado y emociones reprimidos se transformarán y aliviarán, y ya no serán como antes. Sentirás que vivir así no resulta agotador. Disfrutarás desempeñando tu deber en la casa de Dios. Sentirás que es bueno vivir, comportarte y llevar a cabo tu deber de esta manera, soportando adversidades y pagando un precio, siguiendo las reglas y haciendo cosas en base a los principios. Sentirás que este es el tipo de vida que la gente normal debería tener. Cuando vivas según la verdad y cumplas bien con tu deber, te parecerá que tu corazón está firme y en paz, que tu vida tiene sentido. Pensarás: ‘¿Por qué no he sabido esto antes? ¿Por qué era tan obstinado? Antes vivía según las filosofías y las actitudes satánicas, sin vivir como humano ni como espíritu, y cuanto más vivía, más doloroso resultaba. Ahora que comprendo la verdad, puedo despojarme un poco de mi carácter corrupto, y soy capaz de sentir la verdadera paz y alegría de una vida dedicada a cumplir con mi deber y a practicar la verdad’. Entonces, ¿no habrá cambiado tu estado de ánimo? (Sí). Una vez que te des cuenta de por qué tu vida te parecía antes represiva y miserable, una vez que encuentres la raíz de tu sufrimiento y resuelvas el problema, tendrás esperanzas de cambiar. Mientras te esfuerces por alcanzar la verdad, dediques más esfuerzo a las palabras de Dios, hables más acerca de la verdad y también escuches los testimonios vivenciales de tus hermanos y hermanas, tendrás una senda más clara, y ¿acaso no mejorará entonces tu estado? Si tu estado mejora, tus emociones represivas se irán aliviando paulatinamente y dejarán de enmarañarte” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (5)). Las palabras de Dios me permitieron entender que, quienes realmente aman la verdad y atienden sus deberes correctos sienten consideración con las intenciones de Dios, las entienden y siempre tienen en mente los asuntos correctos. Consideran que cumplir bien con sus deberes y agradar a Dios es su responsabilidad y su misión. Incluso si tienen muchas dificultades y grandes presiones, orarán a Dios, confiarán en Él y se esforzarán al máximo en cada tarea. Cuando sienten el impulso de hacer lo que se les antoja, son capaces de rebelarse contra sí mismos y pedir a Dios que los reprenda y discipline. Pensé en Noé, cuando recibió la comisión de Dios. Él entendió las intenciones urgentes de Dios, así que, al enfrentarse a la monumental tarea de construir el arca, si bien la dificultad y la presión eran inmensas, Noé no tuvo intención de evitarla ni eludirla, ni la trató con negligencia. En cambio, estaba ansioso y solo quería completar la comisión de Dios lo más rápido posible. Escuchó con atención cada una de las instrucciones de Dios y actuó en consecuencia. Tenía miedo de pasar por alto cualquier detalle que pudiera afectar la calidad y el progreso del trabajo. Al reflexionar sobre mí misma, vi que realmente carecía de humanidad. Dios no me había exigido nada exorbitante y solo me había hecho asumir unas cargas más, conforme a lo que podía lograr según mi estatura y aptitud. Él lo hacía para que pudiera practicar más, progresar más rápido en la vida y llegar más pronto a cumplir mi deber de acuerdo con los estándares. Sin embargo, yo no había entendido el corazón de Dios en absoluto. Realmente estaba en deuda con Él. Si me asignaran más responsabilidades, no podría volver a defraudar las buenas y meticulosas intenciones de Dios. Justo después de haber aprendido esa lección, el líder me escribió para pedirme que hiciera mis deberes en otro lugar. Sabía que eso era otra carga que me asignaba Dios y que, por mucha presión que conllevara, debía asumir esa responsabilidad. Eso también era una oportunidad para compensar mi transgresión, así que acepté. Después de mudarme a ese nuevo lugar para hacer mi deber, en efecto, la carga de trabajo aumentó y seguía sintiendo mucha presión. Sin embargo, cuando pensé en que esa carga adicional era la protección que Dios me daba para evitar que disfrutara de los placeres de la carne y ayudarme a centrar mi energía en mis deberes, supe que ya no podía hacer más caso a mi carne. Tenía que ser responsable, digna de confianza y debía aprender a tener consideración con el corazón de Dios. Como mi perspectiva ha cambiado, aunque todavía hay ciertas dificultades y presiones en el trabajo, ya no me siento reprimida. En cambio, veo la presión como una especie de responsabilidad. Me siento muy liberada y he llegado a disfrutar de paz y alegría en mis deberes.
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